¿A quién le hacen caso los adolescentes?

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Como les he contado antes, mi doctorado se dedica a estudiar cómo cambian el comportamiento y la estructura y funcionamiento cerebral durante la adolescencia.  Considero que este tema es muy importante porque permite revisar los muchos estereotipos existentes en torno a la adolescencia, que a su vez influyen en muchas decisiones y políticas en salud. Por ejemplo, como ya lo hemos discutido anteriormente, los comportamientos de riesgo aumentan durante este periodo, y en particular ocurren en compañía de los pares.

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¿Qué nos puede enseñar un poderoso imán sobre el cerebro adolescente?

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No sorprenderá a nadie saber que el cerebro de los adolescentes cambia profundamente. Sin embargo, obtener evidencia científica de este cambio fue posible hasta los años noventa, cuando se realizó el primer estudio longitudinal de resonancia magnética. Para poder documentar el cambio de la estructura cerebral necesitamos un aparto que:

  • Permita medir a la misma persona a lo largo de los años (para poder medir diferencias)
  • Tenga la resolución suficiente para detectar los cambios en la materia gris y la materia blanca del cerebro

A diferencia de otros métodos de neuroimagen como los rayos x o las tomografías, la resonancia magnética no emplea radiación ionizante, por lo que se puede usar en sujetos sanos y de todas las edades en repetidas ocasiones.

Como su nombre lo indica, la resonancia magnética (RM) se basa en el uso de campos magnéticos de alta magnitud y pulsos electromagnéticos, para estudiar, con una…

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La nueva adoles-ciencia: las bases neurobiológicas de la conducta entre los 12 y los 24 años

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Tienes prisa por cruzar la calle. Cuando llegas a la esquina, descubres que el semáforo está en amarillo. ¿Qué haces? ¿Te detienes para esperar el cambio a la luz verde? ¿Aceleras para atravesar la calle antes de que se ponga rojo? ¿Tomarías la misma decisión si estuvieras solo que la que tomarías si estuvieras acompañado? ¿Reaccionarías igual si tuvieras 15 años o si tuvieras 30 años? ¿Y si en lugar de estar físicamente en la calle, evocaras esta situación desde dentro de un resonador magnético que puede medir la oxigenación de la sangre en el cerebro mientras “manejas”?

La posibilidad de estudiar nuestras reacciones ante una situación tan cotidiana como ésta forma parte de una reciente revolución en las neurociencias, y es que sólo en los últimos años, los avances en los estudios de neuroimagen nos han permitido asomarnos a una posibilidad hasta hace poco impensable: la de estudiar el…

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En busca del sexo perdido. Historias de neurosexismo.

1959 Brain Enlargers

Es innegable que en la ciencia hay temas más populares que otros. Una de los temas de particular interés ha sido la búsqueda de las diferencias entre los sexos. A pesar de que ciertos mitos que fueron originados por estudios científicos de calidad dudosa se siguen perpetrando, una series de estudios bien controlados no han logrado encontrar evidencia de una marcada diferencia entre hombres y mujeres. La mayoría de los resultados parece indi1959 Brain Enlargerscar que somos más iguales que distintos.

Recientemente, un grupo de la Universidad de Pensilvania, ha hecho un titánico esfuerzo usando técnicas de neuroimagen para medir la conectividad cerebral, para buscar estas diferencias. Estudiaron casi 1000 personas de entre 8 y 22 años de edad usando tractografía. Publicaron sus resultados en la prestigiosa revista PNAS de EU. Sus resultados indican una mayor conectividad entre los dos hemisferios cerebrales en las mujeres, y una mayor conectividad interna en cada hemisferio en el caso de los hombres.

Los titulares de prensa no tardaron en brincar a las grandes conclusiones sobre cómo los cerebros de hombres y mujeres están biológicamente “cableados” de manera diferente, generalmente aludiendo a típicos estereotipos de género. Una incorrecta interpretación de los resultados de este artículo nos harían pensar que las diferencias biológicas y físicas de los cerebros dan lugar las diferencias conductuales entre hombres y mujeres. Una simplista interpretación de los resultados llevo a varios diarios internacionales a concluir: “Los hombres están programados para leer mapas, las mujeres para entablar conversaciones”.

Si bien el estudio de la estructura cerebral mediante la neuroimagen es una revolucionaria herramienta en el estudio de las neurociencias y la psicología, no olvidemos que todavía no sabemos lo suficiente para entender la relación entre la anatomía del cerebro y la función que de ella deriva. Debemos evitar caer en la tentación determinista de malinterpretar resultados para encontrar nuevas formas de discriminación. El neurosexismo es la creencia de que los hombres y las mujeres somos presa de nuestras estructuras biológicas que determinan nuestras fortalezas y debilidades (“los hombres son buenos para …. Y las mujeres para …”).

Es importante señalar la ciencia ha encontrado mucha evidencia a favor de la similitud entre las habilidades entre hombres y mujeres. Estudios conductuales a gran escala que exploraron tareas de control ejecutivo (la capacidad del cerebro para planear conductas e inhibir acciones distractoras), memoria, razonamiento, procesamiento espacial, destrezas sensorimotoras y cognición social han encontrado diferencias mínimas entre los sexos.

Quizá el factor más importante que hay que considerar al interpretar los resultados de este estudio es el rol que juega el medio social y la cultura en el moldeado de nuestros cerebros. Es evidente que las mujeres y los hombres somos criados de maneras diferentes, cumpliendo con los roles que nos asigna la comunidad desde los primeros días de vida. Nuestro medio influirá importantemente en nuestro desarrollo cerebral y cómo se formaran las conexiones. Quizá el haber nacido cómo mujer en esta sociedad me llevó lidiar menos con los mapas y más con la conversación y eso a la larga (como tantas otras experiencias) moduló mis conexiones cerebrales.

El sexo biológico de una persona determinará en gran medida las distintas experiencias a las que nos vayamos enfrentando. No debe sorprendernos entonces, encontrar la huella de nuestro transcurrir social en nuestro cerebro.

 

Imagen: James Vaughan